Abanderados de la Argentina Solidaria 2017

Martín Miguel Gomez

33 años Academia solidaria de Arte Academia solidaria de Arte | Arte y cultura para la inclusión social | Villa Allende, Córdoba
El proyecto
Martín fundó la Academia Solidaria de Arte (ASA) a donde asisten más de 100 adolescentes en riesgo por año. Participan de cursos gratuitos de música, pintura, danza y literatura. Desde hace 10 años, Martín les ofrece un cambio de mentalidad, para que dejen de sentirse pobres y aprendan a ver toda la riqueza interna que tienen para compartir.
Qué está logrando
En todas las disciplinas existe una materia común llamada “Consolidación de valores”, que aborda temas de interés y en la cual los alumnos se pueden expresar en un marco de respeto mutuo. Allí toman conciencia de la necesidad de ser solidarios siempre, porque siempre hay algo para dar y darse.
El dato
Su idea principal es la de una cadena de valores plasmada en los niños que participan de la academia: los alumnos se comprometen a participar en las devoluciones solidarias con el objetivo de inculcarles que quien recibe tiene que estar dispuesto a dar”.
Su mirada
“Cuando tienen un instrumento en sus manos, escriben o pintan, son todos iguales, las diferencias desparecen y los estímulos son infinitos. Yo solamente hago lo que creo que todos deberíamos hacer”.

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Rock’n Roll, cemento social

Con sus amigos artistas, creó una academia gratuita de arte en la que adolescentes en riesgo cambian la mirada sobre sí mismos.

El Proyecto

En la Academia Solidaria de Música, Martín Gómez recibe a chicos de entre 12 y 18 años (aunque esos límites no son estrictos), y les ofrece cursos de música, pintura, danza y otras expresiones artísticas. Es un espacio de estímulo cultural, que se convierte en la cuna donde renace, para muchos, un estímulo vital.


Todos tenemos muchas cosas valiosas adentro, y si no las compartimos con los demás, se echan a perder.
Los alumnos son jóvenes en riesgo de Villa Allende, excluidos del sistema educativo formal. Jóvenes que ven tapadas sus riquezas internas por la marginación social que heredan. En la Academia de Martín se encuentran con una secuencia de cimbronazos que les sacuden los paradigmas. Porque Martín, desde el primer día, les transmite un mensaje claro: “Ustedes no son pobres. Viven en una situación de dificultad económica, pero valen mucho”. Así empieza la transformación social.


El segundo giro está en manos del arte. “Cuando los chicos pintan o tocan un instrumento, desaparecen las diferencias y llegan estímulos infinitos”, afirma Martín. Mientras sus dedos aprenden los acordes o el tipo de presión que deben ejercer sobre el pincel, los jóvenes se descubren capaces. Se quiebra el prejuicio social que les pesa sobre los hombros, pueden levantar la mirada y soñar. Soñarse. Acaso por primera vez.
El tercer quiebre se da cuando Martín los desplaza del lugar que ocupan en su comunidad. “Los que vienen a la Academia se comprometen a regalar a otros eso que reciben”. En las devoluciones solidarias, los alumnos de Martín se convierten en artistas y maestros que llevan el arte, la música, la vida en colores a las zonas más marginadas de Villa Allende. Ellos mismos se convierten en actores del cambio. “Lo más importante es que aprendan que tienen mucho para dar”, resume Martín.


Cómo nace


Desde su banda Rosas y Espinas, Martín siempre buscó entonar una denuncia ante lo que consideraba que debía ser de otra manera. Pero era tal la necesidad de transformar, que no le alcanzó con decir. Necesitó hacer. De algún modo, mientras ensayaba con la banda, estaba ensayando los bocetos de la Academia con la que hoy transforma la vida de muchos adolescentes excluidos.


Su música comprometida mutó en compromiso de vida. Diseñó, proyectó, consiguió una sede donada por la iglesia evangélica local. Abrió este espacio que para muchos adolescentes significa encontrarse por primera vez con alguien que sin prejuicio, sin juicio y sin condena, los invita a valorarse y a entregarse a los demás a través del arte.


Quién es


Martín siente cómo la música lo empuja desde adentro. La música le habla, lo motiva, le permite respirar distinto. Por eso, su inquietud por atender las injusticias sociales sólo pudo cobrar la forma del arte y de la entrega. 


Lo propio de Martín es el modo despojado de acercarse al prójimo. Para acercarse a jóvenes que vienen de contextos donde las oportunidades se desvanecen, y convencerlos de que son valiosos, de que tienen mucho para dar, hay que sentirlo como una de las convicciones más íntimas.


Su música comprometida mutó en compromiso de vida. Abrió este espacio que para que muchos adolescentes en riesgo puedan valorarse y entregarse a los demás.


Cree que lo que hace no es heroico. “Hago lo que todos deberíamos hacer, y lo hago porque sí”. Ser solidario es, para él, el modo natural de ser en sociedad.


“Todos tenemos muchas cosas valiosas adentro, y si no las compartimos con los demás, se echan a perder”, describe Martín. Con ese lema rockea junto a sus alumnos, y entonan juntos un tema revolucionario: podemos cambiar nuestro barrio y el mundo. Están en eso.


Su huella


Todos los cursos de la Academia Solidaria de Arte tienen una materia troncal común: Consolidación en Valores. Allí se abre un momento donde se debate qué es la solidaridad para los alumnos. Todos participan en un marco de respeto y escucha que ya de por sí es transformador. Durante esa materia se reconcilian con su dignidad personal y asumen la necesidad de compartirse con los demás. Veinticinco voluntarios colaboran con este proyecto, que ya lleva 10 años sonando.


Más de 100 alumnos disfrutan de encontrarse con el arte en las dos sedes que hay en Córdoba. Y, desde el arte, disfrutan la experiencia nobilísima de no sentirse pobres. No son víctimas, no son marginados, no son excluidos. Son amigos que levantan la mirada y descubren que son protagonistas del cambio que ellos mismos necesitan. Reciben gratuitamente y dan gratuitamente, en una cadena transformadora. Son devueltos a la luz de la vida comunitaria, y allí salpican, con su destreza aprendida, los colores y los sonidos de la integración social.