Abanderados de la Argentina Solidaria 2017

Marcos Julianes

50 años Virreyes Rugby Club Virreyes Rugby Club | Integración a través del deporte | Virreyes, GBA
El proyecto
La sede del club alberga a 500 chicos de la zona más postergada del partido de San Fernando, GBA. Con ellos trabajan inclusión social y formación humana apoyándose en las condiciones del juego en equipo propias del rugby. Además, fortalecen su educación para que crezcan íntegramente.
Qué está logrando
Una docente que fue a la fundación a dar un taller de elocuencia, acostumbrada ella a trabajar en escuelas medias de poblaciones también en riesgo, dijo: “La gran diferencia es que cada chico de Virreyes Rugby Club tiene su Proyecto, se ven a ellos mismos con un futuro, con ganas de aprender. Eso hace la diferencia”
El dato
Gracias al Programa Educativo, todos los chicos están hoy escolarizados, los de 14 años participan del sistema de tutorías personalizadas, y 15 jóvenes están estudiando en la Universidad (algunos con beca de la UBA y otros en privadas, con 100% de bonificación). Deporte, valores y educación abren las puertas a un desarrollo posible.
Su mirada
“Alguien que fue como un padre para mí, me enseñó a mirar horizontalmente a todas las personas”. Más de 400 familias se ven beneficiadas por la obra que Marcos lleva adelante.

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http://vrc.org.ar/ | info@vrc.org.ar | 4714-5112 | 4519-9594

Tackle a la exclusión

Creó Virreyes Rugby Club, donde ofrece una alternativa deportiva y educativa para chicos de un barrio de riesgo en la Zona Norte de Buenos Aires

El Proyecto

Flexiones de brazos. Unas más. Abdominales. A trotar, todos juntos. Firmes, un poco más rápido. No, solo no, con el resto. En la cancha somos una sola mente. Si chocamos juntos, chocamos más fuerte. Mi movimiento es parte del movimiento del conjunto. Mi distracción puede lastimar a uno de los míos. Si me caigo, me levanto. Me levantan. La certeza de que necesito del otro va a permitirme jugar mejor.
Marcos siempre busca el trabajo en red. Sus alianzas con sectores del gobierno municipal y provincial, y con empresas privadas, permiten que su obra hoy llegue a 500 chicos en riesgo.


Algunos pensamientos de un deporte distinto.


Virreyes Rugby Club nace, primero, como club deportivo que promueve la integración social y la construcción de lazos comunitarios a través de la práctica del rugby y de la educación en sus valores. Para los 500 jugadores que alberga, es la oportunidad de tener nuevas oportunidades. La disciplina, la constancia, el esfuerzo, el compañerismo, la pertenencia, la aceptación sin rótulos son los regalos que se llevan después de años de juego y compromiso.


El club les permite nutrir cuerpo y espíritu con un entrenamiento saludable, que los aleja de otras posibilidades destructivas. Les muestra una inclusión espontánea porque son aceptados gratuitamente (sólo se les exige desde el rendimiento escolar); comparten y compiten con clubes de otras realidades.


Pero incluso todo ese impacto transformador no fue suficiente para Marcos y su equipo. Se involucraron en las vidas de los jugadores y quisieron construir más entre todos. El programa educativo logró que todos los chicos que participan del club estén hoy escolarizados. Según la edad, se los incluye en el sistema de tutorías personales, un seguimiento uno a uno que pretende un abordaje integral del desarrollo del chico. Reciben apoyo escolar y talleres complementarios en el club, a contraturno de la escuela. Quince jugadores que ya terminaron su secundario están estudiando en la Universidad: con becas de la UBA o con becas de particulares que les permiten acceder a una entidad privada. “Son jóvenes que pueden jugar rugby y estudiar, en lugar de terminar en un empleo duro y mal pago”, contextualiza Marcos. Así se igualan las oportunidades.


Cómo nace


Todo comienza con un gesto menor pero significativo. Marcos Julianes, ex jugador y entrenador del CASI, y Carlos Ramallo, jugador y entrenador del SIC, coincidieron en una visión. Es un dato al menos curioso, porque SIC y CASI son los eternos rivales del rugby nacional. El quiebre de esas diferencias dio un sentido nuevo al deporte, y esa reconciliación de dos universos se plasmó en un compromiso con la comunidad.


No tenían más (ni mejor) herramienta que la disciplina que los había formado a ellos. Decidieron compartirla con quienes no tenían acceso a esa posibilidad. En 2007, el municipio les donó un predio de 3 hectáreas estratégicamente ubicado. Desde la mudanza a esta sede propia, el proyecto logró un salto en alcance, impacto y estructura. “Los vecinos están muy contentos y tienen cifradas grandes esperanzas de que sus chicos tendrán un presente y un futuro mejor”, se anima Marcos.


Quién es


Marcos Julianes creció en su club de rugby, el Club Atlético San Isidro (CASI). Cuando dejó de jugar, se quedó como entrenador. Es, también, un hombre de familia y un amiguero nato. Marcos disfruta de los vínculos, los vive, los amasa, los desarrolla. Fiel a sí mismo, no pudo ignorar el vínculo que lo conectaba (y que acaso nos conecta a todos) con los sectores más vulnerables de la comunidad.
Virreyes se convierte en una parte central en la vida de los chicos. Así, los mayores dan clases en los talleres y entrenan a los de divisiones menores.


Se acercó con amigos a compartir lo que son y lo que tienen: la vivencia de un deporte que puede sanar, la certeza de que, con educación, el horizonte es un poco más diáfano y atractivo. “Alguien que fue como un padre para mí, me enseñó a mirar horizontalmente a todas las personas”. Hoy dedica al menos 5 horas al día, más el sábado completo, a esta iniciativa, cuyo logro principal es permitir que los jugadores y alumnos puedan tener un proyecto de vida. El resto del tiempo, Virreyes perdura en los pensamientos y en las emociones de Marcos. Marcos y Virreyes, la misma cosa.


Su huella


Desde la concepción misma de Virreyes Rugby, Marcos entendió que necesitaba de otros. De muchos otros. Como sucede con el deporte que proponen a sus entrenados. Tiene la inquietud constante de generar redes y capacitar personas atraídas por el espíritu de la obra. Esa visión permitió que hoy se pueda recibir a más de 500 chicos en las actividades del Club. Porque supo aliarse con los sectores municipales y provinciales dispuestos a colaborar en una iniciativa seria y transformadora; porque empoderó a más de 50 voluntarios, más el personal rentado, para que el día a día dependiera de muchos y no de él solo; porque esto no es el pasatiempo para consagrarse, sino el destino de su vida, que únicamente podía ser cierto si jugaba en equipo.

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